Amonites y belemnites en El Torcal: lo que los fósiles de 150 millones de años cuentan sobre el mar de Tetis
Hay un momento en la Gran Ruta que hace que algunos senderistas se detengan en seco. Al borde del camino, en una clara placa caliza, se dibuja una espiral perfecta. No está pintada ni tallada, sino incrustada – un amonite, cuya concha flotó hace 150 millones de años en el cálido mar de Tetis y que hoy forma parte de la roca sobre la que se camina.

Momentos así no son raros en El Torcal. Todo el paisaje kárstico está formado por roca sedimentaria marina que se originó en el Jurásico, cuando la zona aún estaba bajo el agua. Quien camina con los ojos bien abiertos encuentra una y otra vez fósiles a lo largo de las rutas señalizadas: unas veces las espirales redondeadas de los amonites, otras los rostros en forma de puro de los belemnites.
Estos fósiles son mucho más que bonitas figuras en la piedra. Son testigos directos de una época en la que Andalucía era un mar tropical. Qué son, de dónde vienen, cómo se reconocen y cómo comportarse ante un hallazgo.
Ficha técnica: los fósiles del mar de Tetis de un vistazo
| Edad | aprox. 150–200 millones de años (Jurásico, Mesozoico) |
|---|---|
| Principales especies en el parque | Amonites (conchas espirales) · Belemnites (rostros en forma de puro) |
| Grupo científico | Cefalópodos (Cephalopoda), parientes de los actuales pulpos, calamares y nautilos |
| Hábitat en su época | Mar de Tetis, corredor marino entre el actual Atlántico y el Mediterráneo |
| Tamaño | Amonites: de 2 cm a más de 1 m · Rostros de belemnites: 5–30 cm |
| Extinción | Final del Cretácico, hace unos 66 millones de años, junto con los dinosaurios |
| Mejores lugares de hallazgo | Gran Ruta («ruta de los amonites»), Ruta Amarilla, placas rocosas junto al camino |
| Estatus de protección | estrictamente protegido: prohibido recolectar, llevarse o arrancar |
| Visita guiada | Ammonites Path y Route of the Ammonites at Sunset (centro de visitantes) |

Qué eran los amonites y qué revela su espiral
Cefalópodos en casas espirales
Quien ve una espiral de amonite en la piedra piensa instintivamente en un caracol. Sin embargo, los amonites (Ammonoidea) pertenecían a un grupo completamente distinto: los cefalópodos (Cephalopoda). Sus parientes actuales más cercanos no son los caracoles, sino los pulpos, los calamares y el nautilo del Pacífico: animales con ojos, tentáculos y un sistema nervioso desarrollado.
La concha espiral que se encuentra fosilizada no era maciza en vida, sino hueca y dividida en cámaras. El animal vivía solo en la cámara más grande y frontal. Las cámaras posteriores estaban llenas de gas y agua y servían para regular la flotabilidad, de forma similar a la vejiga natatoria de un pez. Cambiando la mezcla de gas y agua, el amonite podía subir y bajar sin tener que nadar activamente.
Los tamaños variaban considerablemente. Los amonites más pequeños cabían en una mano; los más grandes alcanzaban más de un metro de diámetro. En El Torcal se encuentran sobre todo ejemplares medianos de entre 5 y 20 centímetros; los hallazgos grandes son raros, pero están documentados.
Para los geólogos, los amonites son fósiles guía: esto significa que determinadas especies vivieron solo en periodos muy acotados. Si se encuentra en la roca una especie de amonite característica, a menudo se puede datar el estrato con una precisión de pocos cientos de miles de años. Esto los convierte en una de las herramientas más importantes para el estudio de la historia de la Tierra en el Mesozoico.
Qué eran los belemnites: los parientes más discretos
Puros en la piedra
Junto a las llamativas espirales, en El Torcal se encuentra una segunda forma de fósil, más difícil de reconocer: bastoncillos brillantes en forma de puro incrustados en la caliza, a menudo del largo de un dedo. Son belemnites, o más exactamente, sus rostros fosilizados.
A diferencia de los amonites, lo que se ve en la piedra no es la concha exterior, sino el esqueleto interno de sujeción del animal. Los belemnites también eran cefalópodos, pero se parecían a los calamares actuales: cuerpos alargados, diez brazos, ojos grandes. En su interior portaban el rostro calcáreo como eje estabilizador, y precisamente este duro esqueleto interno es lo que se ha conservado, mientras que todas las partes blandas se descompusieron hace tiempo.
Esto hace que los hallazgos de belemnites pasen más desapercibidos que las espirales de amonites. Quien no sabe qué busca los pasa fácilmente por alto: una barra oscura y lisa en la caliza clara. Pero quien ha entrenado el ojo los ve por todas partes. En algunos estratos de El Torcal aparecen a decenas, unos junto a otros.
Los belemnites vivieron en los mismos mares que los amonites y se extinguieron junto con ellos al final del Cretácico, hace unos 66 millones de años, en aquella extinción masiva que también afectó a los dinosaurios.

Por qué los fósiles se encuentran precisamente aquí
Del fondo marino a la placa rocosa
La respuesta está en la geología del propio El Torcal. El karst está formado por caliza que se originó hace entre 150 y 200 millones de años en el fondo del mar de Tetis, un cálido mar primigenio y poco profundo en el corredor entre el futuro Atlántico y el Mediterráneo. En estas aguas vivían amonites, belemnites, moluscos y microorganismos por miles de millones.
Cuando estos animales morían, sus conchas o esqueletos se hundían hasta el fondo marino y se depositaban allí. A lo largo de millones de años se formaron así gruesas capas de lodo calcáreo en las que las conchas quedaron incrustadas. Bajo la presión de nuevos depósitos, el lodo se consolidó en caliza, y las conchas se convirtieron en piedra: lo que hoy se conoce como fósil o petrificación.
Cuando hace unos 60 millones de años la placa africana empujó contra la euroasiática, el antiguo fondo marino se elevó. Lo que había comenzado como lodo a 1.500 metros bajo el agua quedó de pronto a 1.300 metros de altitud, con todos los animales incrustados en su interior. Quien hoy ve una espiral de amonite junto al camino en El Torcal está viendo, literalmente, un fragmento de fondo marino empujado hacia arriba desde el interior de la Tierra.
La posterior meteorización kárstica dejó los fósiles aún más al descubierto. Donde el agua disolvió la caliza durante milenios, las conchas más resistentes emergieron de la roca circundante. Hoy se encuentran visibles en superficies rocosas, en los bordes de los estratos y junto a los caminos.
Dónde encontrarlos y cómo buscar
Rutas, consejos, mirada entrenada
Las petrificaciones de El Torcal no se concentran en un único «museo de fósiles», sino que se reparten por todo el macizo kárstico. Aun así, hay tramos donde la probabilidad de encontrarlas es especialmente alta.
La Gran Ruta – 8,6 km, sin señalizar, en tramos sin camino definido y recomendable solo para senderistas experimentados con track GPS – también se conoce como «ruta de los amonites». Atraviesa zonas rocosas en las que las espirales de amonites suelen verse directamente junto al camino. Quien recorra esta ruta debería caminar más despacio de lo habitual y mirar continuamente al suelo.
En la Ruta Amarilla, que atraviesa el laberinto rocoso, también hay varios lugares de hallazgo conocidos, a menudo en placas rocosas horizontales a la altura de los ojos. La Ruta Verde es más rica en orquídeas y cabras montesas que en fósiles, pero también aquí aparecen ocasionalmente belemnites junto al camino.
Para buscar ayudan tres cosas. Primero, el ojo entrenado para las formas típicas: espiral para los amonites, bastón brillante para los belemnites. Segundo, la luz adecuada: por la mañana y por la tarde, con el sol incidiendo de lado, los relieves de la roca se ven mejor que con la dura luz del mediodía. Tercero, paciencia. Quien no encuentra nada en los primeros diez minutos a menudo pasa por alto la espiral junto a la que ya ha rozado la mano.

Mirar, fotografiar, no llevarse nada
Qué está permitido en el Paraje Natural, y qué no
Las petrificaciones de El Torcal están estrictamente protegidas. Como parte del Paraje Natural desde 1978 y del sitio de Patrimonio Mundial de la UNESCO «Antequera Dolmens Site» desde 2016, rige lo siguiente: recolectar, arrancar o llevarse fósiles está prohibido y se sanciona con multas. Esto se aplica no solo a fósiles evidentes, sino también a «piedras sueltas que podrían serlo».
La razón es sencilla: si cada uno de los más de 100.000 visitantes anuales se llevara un fósil, los yacimientos quedarían vacíos en pocos años. Lo que ha perdurado más de 150 millones de años desaparecería en el transcurso de una vida humana. Por eso el parque es un lugar para observar, no un autoservicio.
Cómo comportarse correctamente ante un hallazgo de fósiles
Mirar: sí, con gusto y todo lo que se quiera, con o sin lupa
Fotografiar: sí, con gusto, sin flash y sin tocar
Tocar: a poder ser, no: la grasa de la piel acelera la meteorización
Marcar o pintar: nunca, ni siquiera «solo un momento para la foto»
Llevarse: bajo ningún concepto, ni entero ni en partes
Ubicaciones: no compartir públicamente en redes sociales (atrae a coleccionistas)
Drones: prohibidos por principio en todo el parque
Visitas guiadas de amonites en el centro de visitantes
Para quien quiera saber más
El centro de visitantes Torcal Alto ofrece dos visitas guiadas dedicadas específicamente a los fósiles.
El Ammonites Path (Ruta de los Amonites) es una excursión guiada con guía designado que recorre, durante dos o tres horas, varios yacimientos seleccionados. El guía explica qué se está viendo, qué especies son reconocibles y cómo se relaciona todo con la geología. Para familias y para quienes prefieren no buscar por su cuenta, es la forma más sencilla de ver varias petrificaciones con seguridad.
La Route of the Ammonites at Sunset es la variante al atardecer de la misma visita. Tiene dos ventajas: la luz oblicua hace que los relieves de la roca sean más visibles que con la dura luz del mediodía. Y las temperaturas son claramente más agradables en verano. Ambas visitas se ofrecen directamente desde el centro de visitantes – reserva a través de torcaldeantequera.com.

Conclusión: un parque donde la historia de la Tierra es visible
Los amonites y belemnites de El Torcal no son «solo» fósiles: son testigos directos de una época en la que Andalucía era un mar tropical. Quien camina con este conocimiento ve el parque de otra manera.
150 millones de años de distancia temporal entre el mar de Tetis y la superficie kárstica actual, incrustados en cada metro cuadrado de roca: ese es el verdadero atractivo de estas petrificaciones. Quien descubre una espiral junto al camino tiene ante sí un animal que vivió cuando la península ibérica aún estaba bajo el agua.
Sigue con la erosión kárstica y la formación de El Torcal, con la Gran Ruta, la ruta de los amonites, con las visitas guiadas del centro de visitantes y con el Paraje Natural Torcal de Antequera. Volver al resumen de El Torcal
Preguntas frecuentes sobre amonites y belemnites en El Torcal
¿Qué antigüedad tienen exactamente las petrificaciones de El Torcal?
¿Se pueden llevar petrificaciones de El Torcal?
¿Cuál es la diferencia entre amonites y belemnites?
¿Qué ruta de senderismo es la mejor para encontrar fósiles?
¿Por qué se extinguieron los amonites?
Este artículo se basa en el conocimiento local del equipo editorial de Gequo, editor de varias guías de senderismo Reisezeit y operador de Sunhikes.com. Actualizado: mayo de 2026


